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jueves, 27 de mayo de 2010

Seguimos andando, seguimos buscando

La semana pasada me reuní con un viejo y querido amigo del colegio, la buena charla como aquellos años colegiales fluyó y nuevamente su conversación me generó un sinnúmero de reflexiones. Él comentaba el caso de un amigo suyo que tras atravesar por una situación bastante dura y tal vez extrema, decidió terminar con todo: abandonó el hogar familiar, dejó el empleo al que se veía atado y así cortó con todo aquello que lo estresaba y hacía desdichado. En buen cristiano mandó todo a rodar y se confrontó consigo mismo obteniendo como resultado (luego de varios meses de aprendizaje y rectificaciones, por supuesto) verse feliz, alejado del ambiente familiar que era bastante hostil, ganando dinero dibujando que es lo disfrutaba hacer y coronando toda aquella dicha había sido bendecido con un buen amor.
Aunque celebré aquel desenlace, le observé que se trataba de alguien llevado al límite de su tolerancia y que en estas circunstancias se pueden tomar algunas decisiones que si son comandadas por la ética personal siempre conducen a buen puerto. No obstante estos son los casos menos frecuentes, la mayoría funciona sin cuestionarse nada y transita por caminos dejados por otros (lo que se espera que hagamos) y no se atreve a descubrir ni menos abrir su verdadero sendero.
El cuestionarse no es como muchos creen una muestra de debilidad, antes bien es una manera de acomodar, más bien reacomodar y saber si estamos haciendo lo que nos hace feliz. Y es que hacer lo que amamos y dedicarle a ello nuestra dedicación y esfuerzo garantiza el éxito, que no está determinado por el exterior sino que debe ser experimentado desde nuestro interior como una congruencia entre nuestra pasión, inteligencia y talento.
Sin temor a despeinarnos volvamos sobre nuestra vida. A veces hay que dar un paso atrás para virar y seguir dando pasos hacia adelante.

martes, 16 de marzo de 2010

A mi favor

Metafísica, ley de atracción, el poder de la mente, son algunos de los conceptos que ahora muchos manejan y que con diligencia practican algunos. Dice la ley de atracción, por ejemplo, que somos capaces de conseguir todo aquello que anhelemos tan sólo si lo declaramos, deseándolo fuertemente (unión del pensamiento con la emoción correspondiente).
Yo no dudo del poder de la mente, pero sí reconozco la dificultad para domar a aquel mono saltarín. La mente es la herramienta más poderosa pero también la más ingobernable y aunque no esencialmente, es también perjudicial. Observamos sus efectos nocivos en el día a día, aquellos agobios mentales, culpas, vergüenzas y demás que nos roban la concentración más de una vez al día.
Tenemos la capacidad de conseguir la iluminación y por ende cualquier realidad imaginable. No obstante dominar la mente es una tarea ardua, no para inocentes, inconstantes o dejados. Dominar la mente exige dejar de vivir en la ignorancia y en principio y, lo más importante, vivir en vigilancia constante de la mente (para así detectar pensamientos negativos o derrotistas por ejemplo).
Muchos de los sufrimientos, entre bloqueos, inhibiciones, síntomas cualesquiera obedecen de alguna manera a registros en el cuerpo que se originaron en la mente al juzgar determinada situación siempre en nuestro perjuicio. Así es el ser humano.
La conciencia nos despierta de la ignorancia y de la esclavitud de nuestras pasiones que nos alejan de nuestros propósitos esenciales y que nos atan a patrones o círculos viciosos que parecen nunca acabar.
Para poder hacer uso de estas ideas, como la ley de atracción por ejemplo, que tanto interés ha despertado en los más codiciosos, exige dominio y claridad mental. Al encontrarse con aquello verán que lejos de desear un auto del año o una casa de playa, añadirán al día a día paz en todos los sentidos, con la familia, el trabajo, la pareja pero sobretodo con uno mismo.
La evolución no precisa seres con una cabeza extra o con siete centímetros más de estatura sino seres capaces de manejar la mente provechosamente y capaces de retornar a la nuestra naturaleza. Sin dejar de ser importantes el dinero, el conocimiento y las comodidades, no son estas lo más importante ni forma parte de nuestra esencia, ya que son necesidades creadas por el hombre. Lo esencial es el amor.